Testimonio de Antonio Dilcio

 Alpuyeca Morelos, a 12 de enero del 2015

"Mi amigo Klaus Von Wobeser, quien al observar a mi trabajador Antonio Dilcio, me comentó que él conocía a una persona (Ofelia de Ogarrio) fundadora de una institución con sede en Valle de Bravo, dedicada a mejorar la calidad de vida de personas de escasos recursos, a través de servicios de salud gratuitos.
Antonio Dilcio nació en una pequeña comunidad en la sierra de Guerrero con paladar hendido muy  acentuado y labio leporino. Toño, un hombre de 55 años actualmente, de complexión delgada y muy baja estatura, padre de familia y abuelo de varios niños que actualmente viven con él, ni siquiera fue registrado cuando nació. Comenzó a trabajar desde los 7 años y tuvo que abandonar su comunidad, debido a la violencia que la pobreza y el narcotráfico generaron en su pueblo.

Antonio trabajó en infinidad de lugares que lo llevaron a viajar por varios estados del sur de los Estados Unidos y el norte de México, pero al no tener ningún papel que lo acreditara, nunca pudo darse de alta en el IMSS para atender su problema físico. Cuando yo lo conocí hace 5 años trabajaba como jardinero a las órdenes de su hermano menor quien definitivamente lo explotaba.

Toño es una persona muy especial y a pesar de las enormes dificultades que su condición física le propinó, ha logrado sacar adelante a sus cinco hijos, dándoles una educación y un oficio. Y si bien es una persona extremadamente bondadosa, padrino de infinidad de niños, y muy querido en la comunidad, su gran entereza fue suficiente para que Toño llevara siempre una vida bastante recluida y avocada sólo a su familia y el trabajo. No le gustaba mucho salir.

Hace un año, después de ser revisado en el Dispensario Médico Tonantzin y habiendo hecho todas las pruebas y análisis preoperatorios de forma totalmente gratuita, Toño fue operado por primera vez en el Hospital General de Valle de Bravo, institución que apoya el Proyecto de Salud de Tonantzin, facilitando su área de quirófano para el trabajo que realizan el cirujano plástico, Dr. Miguel Ángel Durán y el anestesiólogo, Dr. Miguel Ángel Valverde, profesionales que forman parte integral del equipo de voluntarios del Dispensario Médico Tonantzin y colaboradores del Hospital Inglés de la Ciudad de México.

A Toño se le cerró el labio y en una segunda operación que recibió unos meses después, el Dr. Durán se dio a la difícil labor de reconstruir su paladar, algo que no se ve físicamente, pero que ayudó a Toño a comer con normalidad y a expresarse con más claridad.

Las dos operaciones fueron todo un éxito, hoy en día Toño es otra persona, no solamente física sino socialmente. Empecé a notar que una gran cantidad de gente comenzó a visitarlo; llegaron varios parientes desde Guerrero a mirar con asombro el cambio que había sufrido, se trataba de un milagro. Toño por su parte a partir de la operación, ha comenzado a salir, a tener una vida más rica, a dar fiestas, a invitar gente a su casa, cosa que antes no hacía; hoy en día se considera una persona inmensamente feliz, ya no tiene nada que lo haga sentirse diferente. Tanto él, como toda su familia y yo, estamos profundamente agradecidos con el Dispensario Médico Tonantzin, por haber llevado la luz a una vida que antes vivía en tinieblas.

Damos las gracias muy especialmente no sólo a la gran obra que ha construido Ofelia, sino también a los médicos que de forma absolutamente gratuita, hacen posible cambiar la vida de personas que lo necesitan; también agradecemos la amabilidad de todo el equipo de trabajo de Tonantzin y agradecemos a Klaus, quien siempre se ha distinguido por su gran calidad humana y apoyó este proyecto desde un principio, gracias también a Elsie Mociño quien nos prestó su casa en Valle de Bravo y sin su ayuda, esta operación no hubiera sido posible.
¡Muchas gracias por lograr este milagro!  "

Ramón Torres
Alpuyeca Morelos

     
Testimonio de Leonor Garduño Rebollo

Valle de Bravo, Estado de México, a 28 de noviembre del 2014

"Yo empecé a venir al Dispensario desde hace más de 24 años, cuando abrió un consultorio en la calle de Alfareros, sólo había un médico y una enfermera. A dos de mis hijas la fundadora del dispensario las canalizó al Hospital Inglés y allá las operaron, ellas tenían la lengua pegada (frenillo) y todavía recuerdo su expediente, es el 777. Me acuerdo cuando llegué al Hospital Inglés por primera vez, yo llevaba una hoja en la mano para que la Sra. Ofelia me reconociera y al final del día todavía me dio 50 pesos para poder regresarme a Valle de Bravo, eso nunca se me va a olvidar.

He encontrado mucho apoyo aquí y les tengo mucha fe a los médicos que aquí trabajan, porque gracias a Dios y a ellos he aprendido muchas cosas importantes para la salud; una doctora de aquí me enseñó a poner inyecciones cuando le platiqué que en las noches no hay ni quien las ponga en una emergencia y con los hijos uno nunca sabe.

También operaron a mi nieta de lo mismo, desafortunadamente es una enfermedad hereditaria con la que hemos batallado casi toda la familia. En el dispensario nos han atendido muy bien, nos han tratado con mucho cariño y amor, siempre están atentos a lo que nosotros necesitamos. Cada vez que vengo al médico, con mis hijos o mis nietos, me voy muy tranquila y contenta al saber que hay un lugar al que podemos acudir y recibir ayuda de médicos y personas respetables que trabajan aquí en el dispensario.

Yo soy originaria de los Saucos y me casé aquí en Valle de Bravo, soy testigo de que la atención es muy buena y que no nos tratan como aparatos, como lo hacen en algunos centros de salud, aquí nos dan un lugar como personas y eso nos hace sentir momentos agradables.

Griselda, mi hija la mayor, estudió para dar masajes y brinda servicio a mucha gente en las tardes sin cobrarles, ella sabe y recuerda todo lo que vivió, por eso le gusta ayudar a los demás. Griselda se casó y tuvo una hija con el mismo problema de la lengua y también la operaron aquí hace un año y en este años ha continuado con el servicio de los especialistas en cirugía reconstructiva y en otras áreas como pediatría y odontología.

Hace un año empezamos a traer a una niña de 2 años que estaba como un vegetal y ahora ya empieza a gatear, el dispensario no sabe decir que no a nada, siempre ve la forma de ayudarnos y decir que sí; mis hijas salieron adelante y gracias a Dios viven dignamente, por eso quiero mucho a la Sra. Ofelia, como si fuera de mi familia, porque encuentro mucho consuelo en ella, con sólo verla mi corazón siente un regocijo que no puedo explicar, tiene unos ojos tan hermosos y llenos de paz que me transmite tranquilidad y lo más maravilloso, es que muchas personas que trabajan aquí, están siguiendo su ejemplo, eso se nota en la manera de tratarnos.
Hemos recibido mucha ayuda del dispensario durante todos estos años, por eso no tengo palabras para agradecer y expresar todo lo que significa para mi familia este lugar y las personas que aquí trabajan."

     
Testimonio de María Clementina Jordán Salgado

Cerro del Salitre, Municipio de Villa de Allende, Edo. Méx.

"Mi hijo Bernardo nació con paladar hendido en grado superlativo, buscamos ayuda en el DIF pero nada más nos hacían gastar en pasajes y nunca nos ayudaron, cuando Bernardo tenía 6 años lo mandamos a la primaria y sólo fue un mes, no quiso regresar a la escuela porque sus compañeros le hacían burla por no poder hablar igual que los demás. Él ya tiene 17 años y nos ayuda a trabajar en el campo. Con la ayuda del Dispensario Tonantzin, tengo fe en que mi hijo regrese a la escuela, porque gracias a los médicos y a todas las personas que apoyaron para la operación de mi muchacho, vemos que él está muy contento y con muchas ganas de recuperarse para hacer las cosas que no ha podido realizar. "

 

 
Copyright 2011 Dispensario Médica Tonantzin A. C.                       Teléfonos: (01) 726- 26-2- 29- 40   y  (01) 726- 26- 2- 64- 01